Cómo acercarse a una chica en la iglesia

El 99% de visitantes a esta página llegan preguntando en Google 'cómo hablar a una chica' ... creo que simplemente es acercarse a ella con una sonrisa y preguntarle por que te mira, porque, creo yo que si una persona te mira sin apartar la mirada busca interacción arriesgandoce a cualquier reacción de la otra persona, una vez tienes el ... Ya sea hablando con más frecuencia con un director espiritual, preguntando y escuchando cómo otras personas respondieron a sus vocaciones.Alargando los ratos de oración, poniendo más ahínco en el apostolado… en síntesis, buscando la mejor manera de escuchar con mayor claridad la voz de Dios. Y hoy puedo asegurarlo, el que busca, encuentra. Él no se oculta, al contrario, se hace el ... Tomemos un desvío a una historia que podría ayudarnos a ver cómo acercarnos a esa joven en su iglesia como Jesús lo haría. En Juan 8, Jesús se encontró con una mujer cuya vida estuvo plagada de pecado sexual, y que probablemente se veía igual. Vamos a tomar un desvío a una historia que podría ayudarnos a ver cómo acercarse a esa joven en su iglesia como Jesús lo haría. En Juan 8, Jesús se encontró con una mujer cuya vida estuvo plagada de pecado sexual, y que probablemente se parecía a él. Ella había sido «sorprendido en el acto» de adulterio después de todo. El crecimiento de tu relación con el dios en el que crees requiere trabajo y dedicación. Si necesitas un cambio en tu vida, puedes aprender cómo empezar a hablar con Dios más efectivamente, profundizar tu conexión y tu relación, y llevar una vida espiritual plena. Dedique tiempo a la oración diaria. En pocas palabras: para […] Cómo acercarse a una chica. Acercarte a una chica en un lugar público puede ser abrumador. No obstante, si prestas atención a su lenguaje corporal y respetas sus límites personales, no lucirás como una persona rara. Con un poco de... ¿Cómo acercarse a una chica sin temor al rechazo Las mujeres como los hombres que tienen confianza. La mayoría de las mujeres pueden decir cuando un hombre tiene miedo al rechazo. Al acercarse a una chica sin tener el miedo al rechazo ayudará a mejorar sus posibilidades de conseguir a la chica. Pue

“Yo votaba al PP, pero cambié el voto en las últimas europeas porque cambió mi conciencia” .Santiago Agrelo, obispo de Tánger (Marruecos)

2015.05.21 13:43 rosapenavi “Yo votaba al PP, pero cambié el voto en las últimas europeas porque cambió mi conciencia” .Santiago Agrelo, obispo de Tánger (Marruecos)

Entrevista a Santiago Agrelo, obispo de Tánger (Marruecos) Lala Franco. Jueves 7 de mayo de 2015. Publicado en alandar nº318
Santiago Agrelo es franciscano, gallego y, desde hace ocho años, el obispo de Tánger, en Marruecos. Su comunidad es pequeña, algo más de dos mil almas, en una diócesis que se ha destacado por la acogida a las personas que emigran desde el África subsahariana y por levantar la voz en su nombre. De verbo suave, sus palabras son muy contundentes. Es un obispo que se moja mucho
-“Fuera del pobre no hay salvación”, es una afirmación de su blog. ¿No es muy radical?
Es una afirmación que traduce, en un lenguaje comprensible para el hombre de hoy, la vieja afirmación de que “fuera de la Iglesia no hay salvación”. Así como hoy sería irrepetible y carente de sentido el afirmar eso, hoy todo el mundo entiende “fuera del pobre no hay salvación”. Si pensamos que el Evangelio, que es el corazón de la Iglesia, es para los pobres, entonces, manifiestamente, fuera de los pobres no hay salvación. Y cuando digo que el Evangelio es para los pobres, en la cabeza llevo la lectura que hizo Jesús en la sinagoga de Nazaret de un texto del profeta Isaías: “El espíritu del Señor está sobre mí, me ungió y me envió para llevar el evangelio a los pobres”. Y si esa fue la misión de Jesús, esa es la misión de la Iglesia. Sin pobres, no tiene misión Jesús. San Pablo lo dijo de aquella otra manera: “Siendo rico, se hizo pobre para enriquecernos a los pobres con su pobreza”. Sin pobres no tiene misión Jesús. No tiene misión la Iglesia, así lo entiendo yo.
-También ha escrito que el Evangelio es una palabra de verdad que “solo podremos anunciar a los pequeños, a los débiles, a los necio del mundo”.
Yo lo considero una evidencia. Si se tratase de un credo, el credo lo tenemos que explicar, entonces tenemos que buscar gente con una cierta formación, una cierta cultura. El Evangelio no es para ese tipo de gente, el Evangelio es para quien tiene una necesidad y, precisamente el Evangelio, la Buena noticia, es la respuesta a la necesidad, es la respuesta a la pobreza. Y en la Iglesia tenemos un problema enorme con la verdad, porque nos consideramos posesores de la verdad y muchas veces “la verdad” se interpone entre nosotros y el pobre. Imagine por ejemplo el tema de los divorciados vueltos a casar. ¿Quién parece que se está interponiendo entre ellos, que son unos pobres –y hablo de divorciados que por ser creyentes, sienten la propia situación como una derrota, como una pobreza y, por lo tanto, tienen una necesidad– y la Iglesia? Entre ambos se levanta una barrera infranqueable que es la verdad. Comprendo que es un tema delicado, espinoso, pero es obligado enfrentarnos a él con serenidad y con lucidez evangélica. El Señor no vino a enseñarnos un credo, sino que nos ha dado una palabra de salvación para llevar a los pobres. Y en ese terreno la Iglesia se moverá siempre con serenidad y tranquilidad. Si nos salimos de ahí, entraremos en dimensiones muy complicadas y conflictivas y muy poco comprensibles para el hombre de nuestro tiempo.
A veces la Iglesia quiere afirmar su autoridad, su verdad, en terrenos científicos, médicos o éticos…
La ciencia nos habla de un universo que está en perenne movimiento, que se está haciendo: no puedes definir lo que se está haciendo. Pues si eso la ciencia lo dice de las cosas, imagínate lo que tendremos que decir de lo que se refiere a Dios, que es puro misterio para nosotros, digamos lo que digamos. Lo cual me obliga a replantear el concepto mismo de verdad cuando lo usamos para referirnos a nuestras creencias. Jesús dijo de sí mismo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Pero desde el mismo momento en que lo dijo, tanto el camino como la verdad como la vida, se me transforman en un misterio insondable que solo podré contemplar, solo podré desear entrar en él, podré admirarlo, podré gozar de él, podré agradecerlo, podré incluso hablar de él como lo hago ahora contigo, pero no podré nunca poseerlo, nunca, de tal manera que yo pueda entregárselo a otro como el que entrega un maletín. Tenemos un desafío con relación a la verdad en la Iglesia…
-A usted le ha cambiado la vida Tánger y el contacto con los inmigrantes.
Es que la cercanía al pobre no es la capacidad de abrir mi mano para darle algo, sino de abrir mi conciencia para comprender algo. Es él el que me da. Yo terminaré dándole algo a él, pero en principio es él el que me da. Yo he procurado en mi vida estar siempre cerca de los pobres. Y aún habiendo tratado de hacerlo, para comprender ciertas cosas tuve que llegar a Marruecos. Y, seguramente, cuando salga de Marruecos y me acerque a otras pobrezas, entenderé otras cosas. Para mí, antes de ir a Marruecos, el tema de la inmigración era un tema de política de fronteras, de autonomía de los pueblos, de ejercicio de la autoridad de los gobiernos y, por tanto, me parecía pura ilegitimidad o ilegalidad la de estas personas que trataban de pasar una frontera de aquella manera. Eso es lo que había dentro de mí, un hombre que había estado, creo, cerca de los pobres toda la vida. Sin embargo, como esa pobreza no la había tocado de cerca, no me decía nada. Apenas me encontré con uno de ellos, cuando los encontré en casa, en el obispado, entonces me di cuenta de que estaba profundamente equivocado. Tenía delante, sencillamente, a seres humanos con una necesidad. No tenía delante a “ilegales o sin papeles”, esos nombres que solemos dar a quienes solo son personas con una necesidad. De repente se te hace la luz por dentro y el Evangelio comienza a tener otro significado, desde entonces soy incapaz de predicar un domingo sin hablar de ellos.
-¿Cómo se organiza la diócesis de Tánger para ayudar a los sin papeles?
Durante un tiempo se ocupó Cáritas y luego creamos la Delegación de inmigraciones. La llevan las Carmelitas de la Caridad y ellas han organizado tres sectores. El primero es el de la atención primaria (alimentación, alojamiento, sanidad, seguimiento de las personas, etc.). El segundo es el de la atención espiritual, abierto a todos, no solo para los católicos, porque todos tienen necesidad de un acompañamiento espiritual. Y se les está haciendo, creo que con gran provecho, supongo que para ellos, pero sobre todo para nosotros, porque representan para la Iglesia una gran riqueza. Todos los domingos termina la misa en la catedral y ellos se quedan para continuar sus oraciones, yo paso entre ellos y los veo a unos con los brazos en cruz, otros con el rosario al cuello: no sé por qué, pero llevamos repartidos miles de rosarios, no sé si los quieren como seña de identificación, como amuleto, no lo sé ni me importa; si ellos lo piden y lo necesitan, eso entra a formar parte de las necesidades de un pobre y yo no me tengo que preguntar qué hacen con ello. Y todavía hay un tercer sector, que es el aspecto de la sensibilización, en el que hemos invertido mucho, en cuanto a iniciativas y personal. Llevamos años apareciendo en los medios como una voz que reclama justicia para esta gente que sufre.
-Imagino que los medios son limitados para prestar esa ayuda.
La ayuda es un factor necesario pero puede que no sea el más importante; el más importante es el de la acogida, el que tengas una referencia, un lugar donde te encuentres a gusto, a tu aire. Eso, los inmigrantes en Marruecos lo tienen con nosotros, la Iglesia es su casa. En una diócesis hubo ciertos episodios de violencia en Cáritas y se pensó en poner seguridad en las oficina para mantener el orden. Nosotros decidimos que, pasara lo que pasara, no íbamos a tomar esa decisión. La Iglesia tiene que ser un espacio de libertad, donde, si riñen, tendremos que ser los encargados de apaciguar y de razonar los motivos de conflicto, al margen de cualquier alambrada o de la policía; la Iglesia no está para eso. Para mí, más importante que la ayuda económica, es esa acogida. Ver la catedral, que ahora está de color negro y es una felicidad. Ellos tienen otro modo de orar, de acercarse a ti, es un modo africano, supongo que es cultural, es riquísimo. Es lo más importante que la Iglesia puede ofrecer al inmigrante, un espacio familiar donde se sientan en casa.
-Usted se significó mucho con motivo de la tragedia del Tarajal en febrero del año pasado.
Sueño todavía con el día en que se declare un día de luto en Ceuta por la tragedia del Tarajal. El hecho de que mueran quince personas y que el debate que se suscita esté centrado en si disparé o no, si fue desde la parte de España o no… es un debate tan absurdo, porque es el debate de nuestras justificaciones, nuestras razones, nuestros intereses, nuestros motivos. Y los importantes son los muertos. Si aquel día la autoridad civil de Ceuta hubiese decretado un día de luto en la ciudad, ese día los muertos hubiesen sido importantes. Ese día la ciudad se hubiese dignificado, se hubiese humanizado. Cuando sucede una desgracia como la del avión que se estrella y mueren 140 personas y se para todo en Europa, yo digo: “Magnífico, nos hemos humanizado”. Estos muertos existen; aquellos, no. Tengo miedo de perder yo la humanidad ante unas muertes que sí son valoradas, precisamente por aquellas otras que no lo son, por los muertos que no cuentan para nadie. Que todos los muertos cuenten. Y no nos costaba tanto bajar las banderas ese día y poner un crespón en las ventanas para decir “son nuestros muertos” y eso continúa ahí pendiente.
-Pero usted ha hablado bien de la guardia civil muchas veces.
Lo normal en las fuerzas del orden es que se trate de personas con un alto sentido humanitario y un sentido de su misión; pero tampoco se sale de la normalidad que en ese grupo haya quien no encaja en ese nivel; todos hemos visto a guardias apaleando a los que están en las vallas. Yo no he atacado jamás a la Guardia Civil y no lo hago porque no lo siento, no por ser obispo. Solo una vez en una carta de la diócesis dije que las autoridades obligan a la Guardia Civil a cargar toda la vida con el recuerdo de muertes que ellos probablemente nunca quisieron provocar. No creo que los guardias que tuvieron la desgracia de estar aquella mañana en el Tarajal puedan olvidarlo. Por eso es tan importante delimitar las responsabilidades, no es lo mismo dar la orden que obedecer para poder comer. Yo siempre trato de ponerme en el lugar de la persona a la que critico. Ahora bien, el que Ceuta hubiese decretado un día de luto no era dejar en mal lugar a la Guardia Civil ni a nadie, estábamos delante de una tragedia inmensa y era una llamada de atención para que una tragedia así no vuelva a producirse.
-¿Qué responde a argumentos como “es legítimo proteger nuestras fronteras, no tenemos recursos para todos los inmigrantes, hay mafias detrás de ellos…”?
Hace poco un amigo musulmán, un joven marroquí, que es una de las personas más interesantes que he encontrado en mi vida, me envió por internet un escrito muy razonado en respuesta a una de mis cartas pastorales, diciéndome que estaba equivocado, porque –decía- si se eliminan las fronteras para los inmigrantes, si se les deja pasar, éstos serán el ejército de reserva del capitalismo, mano de obra barata, sin exigencias de ningún tipo. Añadía razones económicas, de tensión social, de criminalidad, todo lo que se suele decir en todo el mundo. Yo quedé abrumado por esas razones, pero le dije: “Si tus razones las lee un político o un periodista, un profesor de universidad, etc., te dirán probablemente que tienes razón, pero si las lee uno de los chicos o de las chicas que están en el bosque junto a Ceuta, tú los has condenado a muerte; ellos se sentirán condenados a muerte”. Aquí hemos perdido muchísimo de esa inmediatez de la relación con el otro que te permite, simplemente, ponerlo a él en el primer lugar. Si pones en primer lugar la economía y la seguridad, él seguirá siendo aparcado y excluido. Si lo pones a él en primer lugar, comenzará a haber ideas más sensatas también en la economía, él va a ser tu luz. Si cambia la sociedad, cambia la política y mi trabajo yo lo entiendo como un trabajo en la conciencia de las personas, corazón a corazón.
-Pero me sigue faltando un puente entre la conversión de las conciencias y el mundo de la política…
El puente es el compromiso social de quien toma conciencia de un problema. Si en Francia el partido de Marine Le Pen tiene tantos votos, representa a ciudadanos que tienen una determinada conciencia sobre el problema de la inmigración. Si cambia la conciencia, cambian los votos. Y voy a hablar de mí mismo. Yo he votado siempre al PP, mis padres me tenían la papeleta preparada cuando iba al pueblo a votar. Cambié el voto en las últimas europeas, probablemente no volveré a votar PP, porque cambió mi conciencia sobre determinados problemas. Con relación a los inmigrantes, no se han dignado ni siquiera a escuchar. Han actuado con prepotencia, vamos y hacemos. Claro que si es mi voto solo… pero si son dos millones de votos… Yo quiero cambiar dos millones de conciencias, lo demás vendrá después.
-¿Ayudan los medios de la Iglesia al cambio de las conciencias en relación con la inmigración?
Yo, ahora, la Cope no la puedo seguir, pero 13 TV la veo a diario y para mí como medio de la Iglesia, la línea es inaceptable. A raíz de los atentados de París, vi un programa islamófobo de principio a fin. ¡Y yo lo veo desde Marruecos! Que en Europa se predique la islamofobia, puede ser natural, la hay y está cultivada, pero que se haga desde un medio de la Iglesia no es natural. Un medio de la Iglesia no puede tener un ideario político ajeno al Evangelio y nosotros, los obispos, deberíamos hilar más fino. Tendría que ser clarísimo el compromiso de la Iglesia con los pobres, con los inmigrantes. ¿Es posible que no se pueda decir desde la Iglesia una palabra distinta por ejemplo sobre los muertos del Tarajal? ¿O sobre las vallas o la política de inmigración? El papa lo hace con claridad.
-Porque a los inmigrantes se les escucha poco.
O nada. ¿Quién le ha preguntado a un inmigrante por la política de fronteras: ¿qué podemos hacer por vosotros, qué deseáis, qué esperáis, qué buscáis?, y son la parte interesada realmente.
submitted by rosapenavi to podemos [link] [comments]


Qué Decirle a Esa Chica Inmodestamente Vestida en la Iglesia